Southern Golf: Biloxi es el destino que no tenías en el radar
La vida es así, completamente azarosa. Lo que comenzó como un encuentro casual, sin mucha relevancia, en un café cualquiera cerca del Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, terminó en un viaje de golf años después en Biloxi, Mississippi. Haciendo honor al azar que caracteriza a esta bella joya del sur de los Estados Unidos.
Era 2019, días antes de que los Kansas City Chiefs y los Los Angeles Chargers se enfrentaran en uno de los juegos de la NFL International Series. El encuentro fue entre Todd, un americano de Kansas City, Missouri, y Tomás, un amigo mío de Los Cabos que también andaba por ahí, los dos fans de los Kansas City Chiefs. Lo que empezó como un gesto amable, Tomás serviría de traductor a Todd, entre desconocidos se convirtió en una de esas amistades que uno no planea y que perduran con el tiempo. Pasados los años, Todd nos extendió una invitación para unirnos a su viaje anual de golf. El destino: Biloxi, Mississippi.
Confieso que no tenía muchas referencias del lugar. Sabía que quedaba en el sur de los Estados Unidos, a la orilla del Golfo de México, y poco más. Lo que me encontré fue una sorpresa completa.

El primer impacto fue la geografía. La vastedad del Golfo, los paisajes, la vegetación que lo cubre todo: pinos longleaf altos y rectos que flanquean los fairways como centinelas, robles live oak con sus ramas extendidas hacia el agua al caer la tarde, praderas de hierba dorada que bordean los canales. Un paisaje auténticamente sureño, de esos que no se fabrican y que uno no espera encontrar en un viaje de golf. Jugamos tres campos de los muchos que ofrece la región: The Preserve, The Oaks y Shell Landings. Campos generosos, bien mantenidos, con pocas construcciones, puentes de madera que cruzan los salt marshes, y casas de estilo sureño asomadas entre los árboles. Golf tranquilo, golf de convivio, golf que invita a disfrutar el recorrido tanto como el juego.
Pero Biloxi no es solo golf. La ciudad tiene su propio carácter, y ese carácter tiene mucho que ver con sus casinos. La llaman el Vegas de Mississippi, y el apodo no es gratuito. Nos alojamos en uno de sus casinos frente al mar, lo que le dio al viaje una dimensión extra: las tardes después de la ronda terminaban en la mesa de juego, en un sports bar con decenas de grifos de cerveza y todos los partidos del March Madness en simultáneo, o en el Sky Bar, donde un letrero en la entrada advertía con toda la honestidad del mundo: Family Friendly Until Midnight. Una noche encontramos un grupo de country en vivo que tocó más de tres horas sin parar. La gente cantaba, bailaba, y nadie tenía prisa por ir a ningún lado, acompañados de una selección de Bourbon Whiskey que hace honor a la tradición del sur. Eso es el sur americano: hospitalidad sin esfuerzo, como si llevaran toda la vida esperándote.
En esos días conocí a personas que me hicieron sentir como si nos conociéramos de siempre. Conocí también a un señor muy simpático en la mesa de video poker que, entre mano y mano, me contó que le apasionaba la pesca y que entre sus planes estaba visitar Los Cabos. El golf conecta mundos.
Y sin más la sorpresa llega en el momento menos esperado. Durante una cena, decidí probar un plato local: el, ahora amado por mí, shrimp gumbo con mariscos frescos de la zona que pedí por curiosidad. Fue de esas comidas que uno no anticipa y que terminan siendo de las más memorables del viaje.
Para quien quiera hacer este viaje, mi recomendación es simple: vuela a Nueva Orleans. Tómate dos días en esa increíble ciudad, que merece su propio artículo y muchos más. Luego renta una van, maneja hacia el este por la costa del Golfo, piérdete por las carreteras de Mississippi para volverte a encontrar, y déjate sorprender. Biloxi está a poco más de una hora.

Y en el camino, una parada obligatoria: Buc-ee’s. Si no la conoces, prepárate. Es una de esas experiencias que no tienen equivalente en ningún otro lugar del mundo: una tienda de carretera de proporciones descomunales, con una oferta gastronómica que incluye desde especialidades locales hasta el fresh jerky en docenas de sabores, un manjar al que ningún jerky industrial se le acerca ni de lejos. Buc-ee’s es en sí mismo un motivo para hacer el viaje.
La playa de arena blanca, el Golfo brillando bajo el sol de marzo, y tres campos de golf esperando. El sur americano tiene un ritmo distinto. Y ese ritmo, descubrí, va muy bien con el golf.

Ingeniero Químico de formación y apasionado del golf. Después de años en el mundo de la tecnología y los negocios familiares, Manu encontró en Los Cabos el lugar donde confluían sus dos grandes pasiones: el golf y el arte de hacer que la gente se sienta genuinamente bien recibida.
Fundador de Golf XP Cabo, lleva más de veinte años construyendo relaciones en Baja California Sur con los directores de campo, chefs y operadores que hacen grande a este destino. Esas amistades, y no otra cosa, son la base de cada experiencia que diseña.
Es miembro activo del International Association of Golf Tour Operators (IAGTO) y opera bajo una filosofía simple: que cada viaje de golf en Los Cabos sea planeado y vivido como lo haría un local.